Las noticias de carne y hueso
Después de una semana de perros (taller de prensa, partido de la UEFA, he empezado a trabajar de correturnos en el Heraldo, etc.) he reunido fuerzas para publicar otro artículo. Anda que si tuviera que escribirlos...
Éste pretende ser una columna o artículo de opinión más o menos literaria. Alfredo Saldaña (teoría de la literatura) nos pidió que inspirándonos en el título y en la foto escribieramos unas palabrejas... El título era "las noticias de carne y hueso" y la foto era de dos guiñoles de "las noticias del guiñol". Mañana más...
Las noticias de carne y hueso
Me encantaría despertarme un día y descubrir en la portada del periódico que todos los personajes públicos han sido milagrosamente abducidos y sustituidos por los guiñoles. Ganaríamos con el cambio. Imagínense el debate sobre el estado de la nación comandado por el guiñol de Zapatero y su miniyo. Seguro que no habría ningún escaño vacío. Y no tendrían que volver a llevar al congreso la ley sobre la elección de los magistrados del Supremo. Asistiríamos al tradicional Angelus del Papa y adivinaríamos la figura de Gaspar Llamazares subido a su chepa. Veríamos los cortados que se toma Bono en el bar Amarilla. Y, por supuesto, una de las imágenes, para mí, más memorables, la adaptación del clásico de Lewis Carroll con Ánsar en el personaje de la Reina. Precisamente, cuando veía por televisión la comparecencia de Aznar en la comisión del 11-M, no conseguí quitarme de la cabeza la imagen de su guiñol subido en el trono. De hecho, supongo que cuando comparezca Zapatero me preguntaré por qué no tiene el puño en alto con el meñique extendido, y por qué no está su miniyo a su lado.
Me canso de ver todos los días las mismas frases hechas, las mismas situaciones repetidas una y otra vez, que hoy son propiedad de unos y mañana de los otros. Solamente algunos como, por ejemplo, Ibarra (ese guiñol, simpático y ocurrente, disfrazado de barón del PSOE) nos sorprenden con afirmaciones con verdadero contenido: Que se metan el indulto
. Una frase genial que destaca sobre la gris actualidad. Me pregunto que habría dicho de haber estado en la oposición. O ese entrañable Federico Trillo y su maravilloso manda huevos, una perla escondida dentro del oscurantismo zaplanista del PP.
Quizá estos muñecos infantiles, socarrones, ácidos, inteligentes y simpáticos no harían que subiera el PIB, pero, a lo mejor, solucionarían las crisis políticas y sociales de una forma menos absurda. No es una ironía. En realidad, los guiñoles son un mecanismo de defensa freudiano, que busca alejarnos de una realidad política y social que se hace insoportable en ciertos momentos. Con ellos buscamos reírnos de cosas demasiado serias como para tomarlas en serio. Cuando nos asomamos a los informativos convencionales, y descubrimos la crudeza diaria, intentamos encontrar a alguien que nos despierte de esos sueños que tanto nos turban. Los guiñoles suponen un distanciamiento de la esperpéntica realidad, dejan que nos acostemos en la cama con la cabeza más tranquila, nos permiten reír donde deberíamos llorar.