Blogia
Apuntes Nocturnos

No te escucho bien

Éste texto, como el anterior, fue encargado por Alfredo Saldaña. En éste se parte del título de uno de los "dardos" de Lázaro Carreter.

No te escucho bien

Éste es un gran problema de la sociedad, no nos escuchamos bien los unos a los otros. No queremos escuchar lo que nos tiene que contar el otro. Hemos perdido la capacidad de valorar lo que tiene que decirnos y aportarnos el otro. Vivimos contra natura, alejados de los demás, cuando el hombre solamente adquiere su dignidad humana en la medida en la que se da. El hombre es donación, y si no hay nadie que quiera recibir no es posible que nadie dé nada.

Se nos vende el individualismo como modo de vida. Un individualismo que nace de la razón posmoderna. Pero, al fin y al cabo, el posmoderno es como un flan, y no le puedes tocar, porque entonces se caería y además te echaría la culpa. Ya se sabe cual es el ideal posmoderno: Dios ha muerto, el hombre ha muerto, Marx ha muerto… y yo estoy muy jodido. Es la era del vacío, de la cultura light, de la nada individual que nos atenaza y no hacemos más que quejarnos e intentar pasar de todo. Sí, caballero, usted puede pasar de la política, sí. Pero lo política no pasa de usted, hace leyes y cobra impuestos.

Además, ahora que en la asignatura de Ética en cuatro meses se enseña, básicamente, que no hay fundamentación posible para la ética, ya no nos queda mucho en lo que apoyarnos a la hora de elegir hacer bien las cosas. Por no quedar, no queda ni el infierno como método disuasorio, porque ya lo quitó la tía Benita, la de Riaño. La tía Benita y su marido eran panaderos de los de antes, y delante del horno, con las llamas saliendo fuera de él, al marido de la tía Benita le vino a la cabeza la imagen del infierno. Así que le pregunto a su mujer si creía en la existencia de tal cosa. La tía Benita, la de Riaño, devota cristiana de misa diaria, le preguntó si echaría a sus hijos a ese horno por muy mal que se portaran. Su marido miró las llamas y se estremeció. “Claro que no, les quiero más que a nada en este mundo” y comprendió lo que le quería decir su mujer. Así que si no nos queda ni el infierno, ni Dios, ni Marx, ni la dignidad humana… ¿por qué elegir hacer el bien? ¿Qué razones tenemos para escuchar a los demás?

0 comentarios